Lo recuerdas, Sheccid ?
Reímos simultáneamente mientras recordamos la vieja anécdota de la combi. Sheccid y yo apenas nos conocíamos. Es más, para ella yo sólo era un “conocido de vista”.
Salíamos con el grupo de toda la vida hacia los paraderos y “sin querer queriendo” nos quedamos solos. Para variar, mi silencio llenó el ambiente. Por suerte llegó la combi.
Subiste primero y tomaste el asiento más cercano. Con un rápido vistazo vislumbré un asiento allá al fondo junto a la pequeña ventana que llenaba de aire la combi. Te miré de reojo. Ni te inmutaste. Pidiendo permiso una, otra y otra vez, llegué a mi asiento. Gracias a uno de los tantos cráteres de las pistas limeñas pude tomar un par de monedas del bolsillo derecho. Un par, repito. Pensaba pagar tu pasaje y ver en tu rostro una señal de agradecimiento. Me equivoqué, cuando le dije al cobrador que pagaba por los dos, él respondió que tú te me habías adelantado. “Para la próxima será”, me dijo mientras me entregaba el boleto.Por suerte yo bajaba antes que tú. Que tan antes o tan después no importaba. Debía resarcir el error cometido. Error que hoy me dices que nunca lo notaste. Yo sí.
Avenida baja. Apresurado llegué a la puerta, me acerqué a ti despidiéndome con un beso en la mejilla. Nuevamente y sin inmutarte me lo devolviste. Pero no esperabas lo que iba a hacer. Tomé tu mano, y puse la moneda sobrante en ella. La miraste y me miraste. Frunciste el ceño dubitativa. “Tú pasaje”, dije sonriendo mientras apoyaba bien el pie derecho sobre la acera.
Avancé un poco más hacia la avenida y cuando la combi pasó por mi lado pude ver una sonrisa en tus labios, quizás una carcajada. Al mismo tiempo, guardabas la moneda sin dejar de reír.
Lo recuerdas, Sheccid ?
No hay comentarios:
Publicar un comentario