miércoles, 19 de enero de 2011


¿Vamos al cine Sheccid?

Último día del mes. Se venía una pequeña despedida. Digo pequeña porque solo nos “separaríamos” tres días Sheccid. Para suerte nuestra, un fin de semana.
Te acompañé por el camino de siempre aquella tarde soleada. Bromeamos mientras saboreábamos los helados que insistí en pagar. Seguimos el camino conversando sobre esto y aquello y ni la llamada del buen amigo Walter hizo que dudara en continuar el camino. Cuando te percataste que miraba el celular, tomaste mi mano, te miré y sonreíste. ¿Seguimos?, preguntaste sin dejar de sonreir. Corté la llamada.

Llegamos al parque y nos sentamos en la banca más próxima. Una refrescante pero inoportuna brisa de aire batió ligeramente tu cabello. No lo notaste sino hasta cuando las yemas de mis dedos se acercaron y corrigieron el desliz. Gracias, dijiste ruborizada. La conversación continuó por largo rato.

Salimos del parque y en breve llegamos a tu casa. Agradeciste mi compañía. Yo, la tuya. Nos despedimos, me abrazaste, y ambos dijimos que nos íbamos a “extrañar”. Solo serán unos días. Entraste a casa.

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Regresé a los deberes más que contento. Una tarde más que perfecta y junto a ti Sheccid. Pero sabía que aún podía ser mejor. ¿Realmente tendríamos que dejar de vernos? ¿Acaso había la posibilidad de encontrarnos una vez más?
Miré el reloj. Hace quince minutos que te dejé en casa. Sí. Lo voy a hacer. Te voy a llamar.


Dejé los libros, lapiceros y la mochila en la mesa. Busqué y encontré el lugar apropiado.
Miré a uno y otro lado por si había alguna persona conocida. Nadie a la vista. Ubiqué tu número en el directorio del celular, respiré tres veces y practiqué en silencio lo que a continuación diría. Algunos pensamientos negativos llegaban a mi mente, ¿Y si me dice que no? No hice caso. Me armé de valor y llamé.

¿Aló? Hola Sheccid, -hola-, me preguntaba si… bueno…te gustaría…-si me gustaría…- repitió Sheccid como dándome valor- si te gustaría ir al cine conmigo…- ir al cine contigo…- claro que sí. Me encantaría. El sábado verdad?...sí. el sábado...
(Luego de ello ultimamos detalles sobre el cine, horarios, el tipo de película y el lugar de encuentro. Lo más importante: Dijo que sí). Nos despedimos.


Más feliz que nunca recogí mis pasos hacia la mesa en donde dejé los libros, lapiceros y la mochila. Walter estaba ahí. Había reconocido mis cosas. Antes que pudiera decir algo, preguntó: ¿por qué cortaste mi llamada?

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Tus ojos, Sheccid


Cierto día Sheccid y yo estábamos solos en la sala esperando por los otros y elegimos nuestros lugares juntos como de costumbre. Sheccid dijo que notaba sus lentes con ciertas nubosidades. Tomé rápidamente el estuche que contenía los míos buscando el pañito azul que los acompañaba. Sheccid también buscaba el suyo, pero se detuvo al notar que había sido más rápido. Gracias, dijo.

Sheccid retiró lentamente sus gafas con dos dedos de la mano derecha y limpió cada luna con los de la otra mano. ¿Por qué callaste?, preguntó Sheccid sin quitar su atención de cada movimiento circular que hacía.Tus ojos Sheccid, respondí casi automáticamente.

Sin querer me había quedado mirando los ojos de Sheccid. Tus ojos, repetí de inmediato. Sheccid giró y me miró fijamente. Esta vez no dije nada, pero no dejé de mirar los ojos de Sheccid. Ella rió al ver mi rostro asombrado. Tienes unos hermosos ojos Sheccid, alcancé a decir antes de que llegara otra persona al lugar y se acercara a saludarnos.

Desde entonces Sheccid me pide cada tarde el pañito azul.


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(clic en la imagen para ver el video)


Tus Ojos-  José José


Y respondiste Sheccid


¿Estarás bien? Preguntó Sheccid por última vez. Sí. Estaré bien. No te preocupes. Gracias por escucharme.


Estaba destrozado por completo. No debería. Era evidente cuál sería su respuesta y se suponía estaba preparado. No fue así.

No tenía clases, pero quise regresar solo para caminar. Caminé y caminé sin rumbo definido. Algunos saludaban, y yo respondía con un saludo lastimero. No escuché nada más. No tenía ganas de nada. Sonreía nervioso.

Caminar y pensar. Eso era todo. Pensar en Sheccid. En cada palabra que dijo. En cada expresión de su rostro que trataba de explicar porqué no.


Yo también te quiero, pero ambos sabemos que no podríamos pasar de una muy buena amistad. Intentarlo nos traería muchos problemas. Tú más que nadie lo sabes.


Lo peor es que –insisto- yo sabía las razones. Pero insistí. Me dejé llevar. Vi una pequeña esperanza y me aferré a ella. Podíamos enfrentarlo juntos. No. Sheccid no estaba preparada y puedo decir que yo tampoco. No sin ella.

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