A pesar de que los hombres no suelen descifrar esas señales que dan las mujeres yo puedo decir que soy un afortunado. Puedo hacerlo. Ríes y a carcajadas.
No me crees? Una fue luego de aquella larga caminata que tuvimos. Esa noche, ya en casa, me dolían las piernas como nunca. Vuelves a reír. Pero valió la pena. Porque cuando te dije que ya me iba, diste la vuelta repentinamente y me mataste con tu ¿pero por qué? Me sorprendí y tú también. Te sonrojas.
Quieres que cuente otra? Lo piensas con una sonrisa.
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